viernes, 6 de noviembre de 2009

El agorero de masas

Decía Alejandro Amenábar que no entendía cómo en los más de cien años de historia del cine nadie se hubiera fijado en un relato tan, a su entender, atractivo como el de Hipatía de Alejandría. Tras ver su película, lo entiendo, no a él sino al hecho que mencionaba.

Tirarse cinco años para hacer una película que más bien simula un documental histórico de la BBC es derrochar talento. Alejandro, tú puedes esto y más. Las interpretaciones son buenas, el guión es correcto, en general se deja ver, pero no hay materia cinematográfica de interés.

La cosa no se queda ahí. Nuestro director más internacional, con permiso de Almodóvar, es listo como pocos. Sabedor de que la historia de la filósofa más notable de la Antigüedad no valía el precio que buscaba, ha centrado el argumento con otro enfoque, el de los enfrentamientos ideológicos. Asunto espinoso, polémico y eternamente de actualidad.

No nos engañemos, "Ágora" no es la vida y obra de Hipatía. Se trata de la narración de los enfrentamientos, en aquella lejana época, entre cristianos y los seguidores de las anteriores creencias. Más allá del posicionamiento o no del filme (en mi opinión es bastante objetivo), la trama pone de manifiesto la pérdida, a todos los niveles artísticos audiovisuales, de la conversación en favor de la disputa, la polémica o la controversia. Ni siquiera te hace pensar sino que te deja en un estado de shock por ser el final como es.

Lo que más me ha gustado ha sido el personaje encarnado por el hijo de Anthony Minghella, que consigue una evolución psicológica más que creíble. Por otro lado, Rachel Weisz se mete bien en su papel y la reconstrucción histórica está muy lograda. Una buena propuesta, en resumen.

1 comentario:

Odile dijo...

Gracias por tu comentario!
A mi me gusta mucho el título de tu blog,aunque he de reconocer que aunque mi ser este sometido al cambio mis utopías permanecen férreas.
:)