miércoles, 23 de diciembre de 2009

Anti-oda a la lluvia

No hay bien que por mal no venga. Ya, ya sé que lo he dicho al revés, pero con toda la intención. En realidad era otra expresión la que quería usar. Nunca llueve a gusto de todos. He de decir que, en general, soy bastante bipolar. Durante un año he estado esperando que lloviera por los bienes que traería a un buen puñado de personas, y ahora que llueve dos días, quiero que esas finas gotas se larguen de una vez.

Esas moléculas de dihidruro de oxígeno en forma líquida. Pequeñas espadas que clavan nuestros cuerpos al pasar por la calle. Suelo que ya no es suelo sino el reflejo de las mezquindades del mundo de la superficie. Mirar arriba en días de lluvia es aún peor. Ves la nada. Un blanco infinito que lo cubre todo. Llegas a casa y por fin te sientes aliviado al calor de la estufa. Hasta que te das cuenta del estado de tu calzado y rezas a todos los santos por que no te toque mancharte de betún, aunque sabes que pasará. La lluvia es socialmente una catástrofe, no podríamos vivir todos los días con ella. O quizá sí, pero en tal caso no seríamos como somos más que como unas mustias hojas de castaño.

Y de pronto, observo a un fotógrafo y un pintor. Ambos maravillados por los colores que les ofrece el chaparrón. Algo más allá el agricultor mirando al cielo con una sonrisa. De verdad, que por un momento pienso que todo es relativo. Si hubiera sido torrencial ya no, dice mi cabezonería. Bueno, sí, pero no puedo decir que la lluvia sea buena ni mala. Sólo es lluvia.

1 comentario:

Enrique dijo...

La lluvia es como el alcohol, está bien pero "sólo un poquito" es lo recomendable. Lo peor viene cuando te pasas, que luego viene la resaca (quedarse en casa).
Prefiero que llueva por la noche. Me encanta oir el ruido de una lluvia estruendosa cuando estoy calentito en la cama.