domingo, 21 de febrero de 2010

Mi reconciliación con Martin

Martin Scorsese ha encontrado la horma de su zapato. Con su última película, "Shutter Island", basada en la novela homónima de Dennis Lehane, posiblemente reciba la aprobación de crítica y público. Con todo, es una cinta comercial que se aparta de la línea general aunque con altibajos de su carrera.

La historia no se desarrolla en Nueva York, ni en ninguna metrópoli parecida. Sus escenarios se localizan en una remota isla donde conviven un buen número de casos tremendos de enfermos mentales. Hasta allí son enviados dos agentes, con la complicada misión de dar con una mujer que al parecer habría escapado de una celda. Sin zapatos, en un terreno impracticable y en las peores condiciones.

Hasta aquí todo avanza bien. Scorsese se encuentra a gusto plateándonos los preliminares sin reparar en detalles, algo muy engañoso para lo que hará más adelante. Conforme prosigue, la trama se hace más y más complicada, envuelta en un guión solvente pero voluntariamente enmarañado, no exento de giros, sorpresas y vueltas de tuercas inesperadas. Todo bajo una factura excelente y un sello personalísimo. Estamos ante cine en el más amplio sentido del vocablo.

Leonardo DiCaprio está impresionante. Nunca le había visto así desde "El aviador". Y puede que la estética de la película te recuerde a la historia de Howard Hughes; no obstante, no guardan relación alguna, salvo director y protagonista. Donde aquella era tediosa, "Shutter Island" resulta entretenida prácticamente durante dos horas, porque es cierto que el último tramo aplaca las fuerzas de cualquiera. Digamos que llega un punto en el que la fastuosidad del argumento acaba por rendir al espectador. Algunos secundarios, como los que interpretan a George Noyce y la verdadera Rachel Salindo, están soberbios. No es el caso de Ben Kingsley, lo cierto es que parece premeditado, el guión va en su contra y su personaje está mal definido desde el primer momento, quizá ese mal nos diga algo. Qué decir de Mark Ruffalo, seguramente la cuota intrínsecamente yanqui que no falta en todo lo que toca Scorsese. Emily Mortimer sí que decepciona.

La película te mantiene en vilo gracias a sus potentes diálogos. No hablan sobre asuntos hondos, pero plásticamente resultan aplastantes. En ese sentido el guión no falla en modo alguno. Técnicamente, la fotografía es aceptablemente buena, la reconstrucción histórica resulta mas que convincente.

Llegamos al final de la película. Se encienden las luces de la sala, o se funde en negro la pantalla de donde lo estuvieras viendo. Y te quedas pensando un poco, masticando lo que hay para poder entenderlo mejor. Existen dos versiones, que evidentemente al no ser esta página un spoiler no detallaré. Sólo diré, para aquellos que ya la hayais visto, que defiendo mi posición, no diré cual, por muchas razones que se pueden ver en la película, particularmente por los cambios inusuales de los jefes de la institución. Más allá de ellos, porque Martin Scorsese no la habría hecho si no hablara de un hombre que lucha por saber la verdad y tiene una verdadera fe en América, así como el reflejo que el director italoamericano ha dejado en tantos y tantos títulos sobre delitos, grupos secretos o incluso la noche.

En resumen, Martin Scorsese ha conseguido hacer un producto comercial sin caer en bajezas sino dando una lección de cine. Lo dicho, no te preocupues si al final sales de la sala pensando que eras el único allí con una conclusión equivocada sobre cual era la verdad. Porque todos estábamos equivocados. No es verdad, es todo ficción. Por Dios, es una película, me refería a eso. De hecho, yo apoyo la otra versión. Bueno, cuando la veas lo entenderás. Y si ya la has visto, comenta.

No hay comentarios: