domingo, 14 de marzo de 2010

Fin del diario de un cazador vallisoletano


El pasado viernes moría, a los 89 años de edad, Miguel Delibes. Prosista de temas prosaicos con un tono poético, deja en su haber y en nuestro acervo literario un buen número de obras excelentes, por cuya lectura no pasa el tiempo y que, simultánea y paradójicamente, se convirtieron en clásicos desde el momento de su publicación.

Mi primer contacto con Delibes ocurrió cuando no llegaría yo a los doce años. Mi padre se compró por aquel entonces una colección de libros que salían por fascículos, precisamente del autor vallisoletano. Me leí "Los Santos Inocentes"; aunque cruda, me pareció una novela inolvidable. Como todas las suyas. Siempre que alguien fallece se tiende a hablar bien de él. Pero es que en su caso es justo y justificado.

Con su primera novela, "La sombra del ciprés es alargada", se llevó el premio Nadal. Infinitamente modesto, Miguel siempre afirmaría que de no haber sido por aquel reconocimiento, sus novelas no habrían sido populares. Sea como fuere, siguió ejerciendo un periodismo pulcro y a la vez desarrollando una narrativa que pintaba un friso histórico, el del franquismo primero, después la transición. En novelas como "El disputado voto del señor Cayo" denunció las corrupciones de la democracia. Su última obra, "El hereje", es un maravilloso retrato del Valladolid medieval.

Delibes además se preocupó por la lengua. Su estilo parecía pretendidamente ser sencillo. Sin embargo, llevaba todo un gran trabajo a sus espaldas. Sus historias recuperaron vocablos perdidos y contribuyeron al desarrollo del castellano. De hecho, Miguel defendía la lengua como elemento vivo abogando por la participación de los hablantes en su formación.

Se le quiere recordar, por encima de todo, por su personalidad. Dicen los que le conocieron que era una persona afable, fácil de tratar, y buena. Asimismo, me gustaría rescatar su amor por el paisaje, que le llevó a una actitud decididamente comprometida con el medio ambiente, todo un ejemplo. A pesar de no estar ya entre nosotros, siempre nos quedarán sus obras donde refugiarnos y redescubrirle cuantas veces queramos.

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