domingo, 14 de marzo de 2010

Sonrisas y lágrimas de posguerra


Emilio Aragón debuta como director colando su batuta en la película más potente de lo que llevamos de año en cuanto a títulos de factura nacional se refiere, "Pájaros de papel". No en vano, es una historia de cómicos, seguramente inspirada por vivencias que conoce de primera mano y a las que da un tratamiento sensible, lo cual no implica que sea totalmente brillante.


El filme nos cuenta las andanzas de dos actores dedicados a la comedia, Jorge y Enrique. El primero está de vuelta tras un año de misteriosa ausencia, mientras que al segundo le llega, casi como caído del cielo, un niño, Miguel, con unas dotes excepcionales para el espectáculo. El contexto en donde tienen lugar las desventuras de estos personajes es la inmediata posguerra, apenas un año después del término de la Guerra Civil. Y esto no es meramente accidental, puesto que se cruzarán en el camino de nuestros protagonistas un sinfín de acólitos a ambos bandos.

En general, se podría decir que la película hace reír y llorar. Se maneja mucho mejor la introspección de los personajes, sus sentimientos, y peor el mundo que les rodea, muy artificial y previsible. Se nota asimismo que el director es novato. El guión tampoco es digno de premio Pulitzer, aunque eso sí, es ocurrente. Lo más sobresaliente son las interpretaciones, extremadamente lucidas. Imanol Arias suena a Antonio el de "Cuéntame", sí, pero le da empaque y verosimilitud. Lluís Homar aporta una expresividad singular que contagia, si bien su papel queda en un segundo plano. Carmen Machi añade a su vis de Aída un punto cupletesco nada desdeñable. No se me puede olvidar mencionar a Roger Princep, de pies a cabeza fantástico, pese a su juventud.

Como es tradición en el cine español, la trama toma partido por el bando republicano. Bien, yo no quisiera hablar de esto sino trascender algo más. Como he dicho, la película que nos ocupa es una oda sincera al mundo de los cómicos. Desde siempre, o desde que yo tengo uso de razón y razón de uso, aquel mundo y los actores, por ende, se han identificado en mayor o menor grado, con las tesis de la izquierda. Esto siempre ha sido mal visto por una parte de la sociedad, que pensaba que al ser celebridades y personajes púbicos, no debían hacer ostentación de su ideología. ¿Por qué no? Para eso son libres; de hecho, su labor ha conseguido concierciarnos de muchas situaciones, me estoy acordando de Willy Toledo apoyando a Haminatu Haidar o de quienes estuvieron en contra de la guerra de Iraq. Muchos querrían silenciarles. Lo que no saben es que viven por y para su público. Por eso les queremos.

2 comentarios:

Enrique dijo...

Respecto al ultimo párrafo, me gustaría decir que estoy completamente a favor de que las actrices y los actores expresen siempre que quieran sus opiniones acerca del mundo tanto en una película como en una entrevista, por ejemplo. Pero una cosa es eso y otra que es insultar a los que no tienen la misma ideología política que el o ella. En realidad a mi me parece que de lo que tienen que hacer es trabajar ya que ellos tienen la suerte de trabajar en el mejor oficio del mundo. Que para luchar por nuestros derechos ya estan teóricamente nuestros políticos. Y si quieren decir lo que piensan a mi me da igual, pero con respeto.

Miguel dijo...

Conforme, menos en lo de los políticos. Por nuestros derechos tenemos que luchar cada uno de nosotros. No podemos presuponer que va a haber un grupo defendiéndonos. La responsabilidad civil respetuosa es inherente a la democracia. Según lo que has dicho, estaríamos en una politocracia.