domingo, 17 de octubre de 2010

La cara oculta de las redes sociales

En Enero hará tres años de la primera vez que oí hablar de una. Era Tuenti. Fue, cómo no, en clase. Un patito de goma alterado era la comidilla de todas las conversaciones. Y no genéticamente, qué va. Me refiero a una imagen que había experimentado un proceso de morphing, me parece que es el nombre. El caso es que alguien había colgado en Tuenti la foto de ese patito mezclada con los rasgos de un congénere del aula. O eso era lo que se decía, al menos. Hasta el momento, únicamente colgaba mi ropa en las perchas. Pero no fue ese verbo lo que más me turbó, sino la posibilidad de ser el pato, porque patoso ya sé que lo soy. Tampoco quería, para nada, hacerle a nadie pagar el pato sin saber si se trataba realmente de mí. Por todo ello, resolví crearme un perfil en Tuenti más pronto que tarde. Tardé algo menos que con Spotify. Ahí le andará. Lo gracioso es que cuando, tiempo después, un compañero me mandó la invitación para la por entonces exclusiva red social me había olvidado del condenado patito de goma. Así que nunca lo llegué a ver.
Hoy uso asidua o, más bien debería decir diaria y complusivamente, tres redes sociales. A saber: Tuenti, Facebook y Twitter. No quisiera pecar de exacerbado pero mucho me temo que ya no concibo la cotidianeidad sin ellas. Una red social te permite estar muy al tanto de tus amigos. Y no sólo eso. Además, puedes subir fotos para recordar momentos especiales; o si no eres muy agraciado y poco fotogénico (qué curioso, ambos rasgos suelen ir de la mano), siempre puedes narrar tus vivencias de modo retórico. Sus usuarios las usamos, sobre todo, para agregar a gente a quien conoces, da igual lo profundamente. Con lo cual, si te lo tomas en serio, al cabo del tiempo acabarás con los ánimos por las nubes ya que atesorarás cientos de amigos. Por cierto, Facebook, la red que me ocupa y preocupa en este momento, es la única con límite de amistades para los perfiles. Es de 5000. De modo que si lo excedes, deberías crearte una página, puesto que carecen de esos aranceles. Claro que solo para aceptar a tantas personas has tener una cantidad colosal de tiempo libre. Por muy timesaving que parezcan, cualquier página de este tipo te enganchará, si no lo estás ya.
La excusa para dedicar este panegírico o lapidario, según se vea, a las redes sociales es el reciente estreno de The Social Network (lo pongo en inglés por no repetirlo en castellano hasta la saciedad). La película se basa en el libro homónimo de Ben Mezrich sobre los creadores de Facebook. La historia gira en torno a Mark Zuckerberg, un apocado estudiante de Harvard con brillantes ideas informáticas, el epítome de lo que se conoce como un geek. El actor Jesse Eisenberg le da vida en una envidiable interpretación. Andrew Garfield y Justin timberlake son dignos secundarios. El director David Fincher ha logrado esculpir una historia que en otras manos habría quedado en telefilme vespertino para pespuntar una película virtuosísima, gracias a un admirable guión de Aaron Sorkin y una banda sonora ad-hoc de Trent Reznor. Bueno, me estoy pasando con tanta alabanza. Tanto novela como filme tienen una pega. Mientras que el libro es ligera pero descaradamente anti-Zuckerberg, la cinta dramatiza demasiado los conflictos que se suceden, como si de una obra de Shakespeare se tratase. Sea como fuere, son ambas notablemente entretenidas.

Si el futuro es incierto, no son las redes sociales una excepción. Para los jóvenes, son lo más de lo más. Ciertas empresas las utilizan, por ejemplo, para cribas en las entrevistas de trabajo. Es evidente que la publicidad que generan las convierte en un producto apetitoso. Pese a todo, ¿servirán para algo más que subir fotos, poner frivolidades y chatear? Quizá su cometido termine ahí, si bien al mismo tiempo han de ser claras en cuanto a privacidad se refiere. No quiero cargar las tintas a este respecto, más que nada porque a mi Bic se le está yendo. Mientras tanto, si me permitís, voy a seguir disfrutando de las redes sociales.

1 comentario:

edu6996 dijo...

La verdad es que nunca he usado las redes sociales. Prefiero una llamada de teléfono o hablar con alguien mirando a los ojos.

La evolución nos esta matando poco a poco.