domingo, 10 de octubre de 2010

Que te compre quien te entienda


Madrid
no es una ciudad especialmente lluviosa. Eso sí, cuando llueve, te mojas. Y, dado que la capital de las Españas acostumbra a estar atestada en sus calles, pues cuando a las nubes les da por regalarnos ese bien de interés no ya cultural sino vital de necesidad, uno se las ve y las desea para encontrar una leve cornisa donde guarecerse. El mejor plan de una tarde de sábado como la de ayer no era dar un distendido paseo por la Gran Vía. A menos que se tengan las agallas de Johnny Weissmüller.
Así las cosas, fui al teatro. Un hábito sanísimo que todo médico de bien hubiera de prescribir. La obra en cuestión era Entiéndeme tú a mí; escrita, dirigida y protagonizada por Eloy Arenas.

Gracias al servicio de Taquilla Último Minuto, me ahorré más de un 30% del precio normal. Si un día quieres ver una obra rebajada, te vendrá fenomenal. Sin embargo, no te fíes del nombre. Conviene estar allí por lo menos una hora antes de la sesión. Después, en las taquillas del teatro te darán tu entrada. Como era mi primera vez en estas lides, me puse en la cola para entrar al teatro sin haber pasado antes por su taquilla, con lo que tuve que salirme, esperar a que la taquillera me atendiera y me pusiera en el sitio que le plugiese. Milagrosamente, me tocó en primera fila.

La obra se representa en el Arenal, una sala nada pingüe al comienzo de la calle Mayor, entre la puerta del Sol y la Plaza Mayor. Por su emplazamiento, es un reclamo para muchos turistas. El texto fue estrenado hace diez años en el Teatro Lara. Desde entonces, se ha representado con éxito en salas de Miami, Venezuela, Chile, Bolivia o Argentina.

Entiéndeme tú a mí es una comedia estructurada en sketches con un mismo hilo argumental, las fricciones entre dos personajes intolerablemente opuestos. Está repleta de sutaciones cachondas, con humor grueso y carcajadas a mandíbula batiente. No en vano, el lema de Arenas al escribirla fue "Sólo quiero haceros cosquillas en el cerebro y oír vuestras risas". El guión llega a cualquiera con ganas de ello. Los dos actores, tanto Eloy como Daniel Ortiz, están en todo momento en su salsa. Un pequeño acompañamiento, en forma de acordeón tocado por David Gordo, da un toque de estilo a una obra escenográficamente parca.















Vamos, que es una obra para pasar el rato. No te va a deslumbrar ni tampoco a aburrir. Lo que más me llamó la atención fue como se solventan las transiciones. Para que os sorprenda a vosotros también, me limito a reseñarlo en vez de explicarlo. Asimismo, al final de la obra los integrantes del espectáculo hacen una charla amenamente interactiva con los espectadores. He de advertiros de que nada más entrar, os impresionará lo pequeña que es la sala. No prejuzguéis, y menos por el tamaño. Por cierto, si sois dueños de un teatro y os interesase representarla, sabed que podeis enteraros de todos los requerimientos técnicos para ello en http://www.entiendemetuami.es/.

Ya veis, una tarde que se barruntaba plomiza acabó en un planazo. Acompañado en todo momento por las risas de Enrique, el ínclito bloggero y amigo personal creador de http://www.masquefotogramas.blogspot.com/ ,espacio que os recomiendo encarecidamente. Además, mi consideración de las obras representadas en mi ciudad ha mejorado porque si en una sala tan cuca me lo pasé tan bien, ¿qué habría pasado en un señor teatro?

1 comentario:

Enrique dijo...

Me gusta lo de "mandíbula batiente", me voy a apuntar esa expresión. Por cierto, gracias por publicitarme en tu blog.